Introducción

En un mundo de avances veloces hay uno que hace que el deseo común de disfrutar de la mayor juventud sea factible.

Y no es cuestión de pócimas mágicas sino de saber cómo extender la longevidad. Pues hoy en día la esperanza de vida es mayor que nunca e irá “in crescendo”.

Y para ello hay que entender cómo lograrlo. ¿Sabías que tu cuerpo no envejece únicamente por los años que cumple, sino también por cómo vive cada día?

Tus hábitos de hoy están determinando tu futuro, y entre ellos hay un enemigo destacado: el estrés.

El estrés, ese compañero incómodo de la vida moderna. No solo desgasta el ánimo, sino que acelera el reloj de nuestra biología, llevándonos a una vejez prematura.

Este post es una invitación a elegir conscientemente cómo vivir, desenmascarando al estrés y adoptando hábitos que rejuvenecen, no solo en apariencia, sino desde el núcleo de nuestras células.

En la búsqueda de una vida plena y vibrante, el manejo del estrés emerge como un pilar esencial. Este intruso silencioso, el estrés, no solo empaña nuestros días con inquietud y cansancio, sino que también acelera nuestro envejecimiento biológico, robándonos la frescura y energía juveniles.

Comprender y actuar sobre cómo el estrés moldea nuestra biología es más que un acto de cuidado personal; es una rebelión contra el tiempo, una decisión de vivir no solo más años, sino de inyectar vida a esos años.

Edad biológica vs edad cronólogica

Entender la diferencia entre edad cronológica y biológica es clave en nuestra lucha contra el envejecimiento.

La primera cuenta los años desde nuestro nacimiento, una medida constante e inmutable. Es un número fijo y no se puede cambiar.

Sin embargo, la edad biológica nos dice cuánto ha envejecido nuestro cuerpo en función de diversos factores, incluyendo la genética, el estilo de vida y, en particular, el estrés.

Refleja la edad celular del momento. Es un numero variable que puede aumentar o disminuir según los hábitos de vida.

La buena noticia es que se puede controlar y disminuir en parte, sencillamente con nuevas formas de actuar.

La edad biológica puede ser diferente de la edad cronológica.

En muchas ocasiones es más alta en base al nivel del desgaste que tenga el cuerpo en ese momento. Depende de la genética en parte, pero depende mucho más de los hábitos, del estilo de vida.

Dentro de la edad biológica hay un dato genera del todo el cuerpo y también de cada órgano. A veces hay poca edad biológica en general pero cierto órgano la tiene superior.

Y conocer esa información permite saber el nivel detallado del envejecimiento, cuánto se ha envejecido con la edad de ese momento, la edad cronológica.

Si la edad biológica es inferior a la cronológica significa que se envejece más lento, lo cual es magnífico para la longevidad.

Si la edad biológica es superior a la cronológica significa que se está envejeciendo más rápido de la cuenta. Lo cual hay que parar.

Si te estás preguntando cómo saber tu edad biológica, se mide de manera precisa con médicos especialistas en el control del envejecimiento. Hay modos más imprecisos que los encuentras hasta en calculadoras de composición corporal, son datos superficiales.

Pero más allá de mediciones, puedes actuar desde ya para facilitar que tu edad biológica sea lo menos alta posible y por tanto menor el desgaste de tus células, órganos y cuerpo.

Para vivir más es clave retrasar la edad biológica, porque además disminuye los riesgos de enfermedad. Así que es fundamental entender todo lo que aumenta la edad biológica para ponerle remedio.

Y por eso he traído hoy a nuestro amigo el estrés.

Comprender estrés y envejecimiento

Estrés, muchas veces subestimado, tiene un efecto profundo en nuestras células y su capacidad de regenerarse.

Porque es uno de los mayores reductores de la edad biológica. Es un mal amigo en este sentido, casi siempre está por ahí y hay saber cómo mantenerlo a raya.

Un poco de estrés es bueno, tonifica la mente y el cuerpo, nos hace más capaces. Más de eso arrasa con la energía y acelera el envejecimiento.

Tu cuerpo está diseñado para responder al estrés de corto plazo, pero cuando se convierte en una constante se cronifica acelera el envejecimiento celular, afectando a telómeros, proteínas vitales que protegen nuestros cromosomas.

Cada episodio de estrés se traduce en una erosión de estos protectores, llevando a un envejecimiento prematuro, debilita órganos e incrementa el riesgo de enfermedades relacionadas con la edad.

Aprender a gestionar el estrés, entonces, no es solo una cuestión de bienestar emocional, sino una estrategia esencial para mantener nuestro cuerpo joven y saludable.

En este contexto, cada decisión consciente para reducir el estrés es un paso hacia una biología más resistente y rejuvenecida.

Pero el gran problema es que el estrés casi nadie piensa que lo tiene.

Durante estos 14 años he enseñado a muchos profesionales de alta exigencia, empresarios, directivos y sus equipos en hábitos para trabajar en alto rendimiento sin desgaste, y curiosamente pocos reconocen abiertamente que tienen estrés. Cuando es clave mantenerlo a raya para rendir a todas horas, como se exige ahora.

Además, está por todas partes, no solo en el trabajo. A mis pacientes en la clínica les enseño siempre la gestión del estrés pues es un inhibidor claro de hábitos saludables.

Cuando hay estrés se come mal, además la grasa se acumula más fácilmente por lo que es más difícil reducir el exceso de peso. Tampoco facilita hacer ejercicio pues no hay energía para moverse, se duerme fatal, se rinde peor, y un sinfín de consecuencias que no ayudan a poder estar saludable.

Como digo, lo malo es que casi nadie piensa que lo tiene, y quienes lo piensan no priorizan su control pues no les resulta cómodo, fácil, normal hablar de ello. Muchas personas piensan que reconocer que están estresados es una señal de debilidad, estar fuera de control.

Sin embargo, un buen estratega de su rendimiento, del desgaste, de sus hábitos saludables y hasta de su longevidad debe conocer perfectamente qué es estrés, qué o quienes lo desencadenan, cómo le afecta al cuerpo y cómo desactivarlo a voluntad.

Identificando desencadenantes personales del estrés

Un poco de estrés sienta bien porque da fuerza y agudeza mental. Pero si el estrés es continuo, es decir, se cronifica, llega un momento que paradójicamente el cuerpo se debilita y puede llegar a enfermar.

Identificar los desencadenantes de estrés es el primer paso para controlarlo.

Comienza por observar tus reacciones ante situaciones cotidianas: sobrecargo laboral, incertidumbre, un atasco, una fecha límite de trabajo, o conflictos interpersonales. Estos son momentos comunes que pueden desencadenar estrés.

Normalmente ¿cómo notas el estrés? ¿Sientes tensión en los hombros, aceleración del pulso, o irritabilidad?

El listado de síntomas es enorme desde dolor en diferentes partes del cuerpo (cabeza, cuello, espalda, piernas), ansiedad, garganta seca, sudoración, palpitaciones, nerviosismo, olvidos, cansancio, hipertensión, agresividad, ira, procrastinación, miedos, insomnio, baja lucidez mental, hasta dolencias más graves. Cada uno tenemos nuestros síntomas.

Reflexiona sobre cómo te sientes física y emocionalmente en estas situaciones. Reconocer estas señales te ayudará a identificar tus desencadenantes personales. Anota tus observaciones; este autoconocimiento es una herramienta poderosa para empezar a gestionar activamente tu estrés.

El objetivo prioritario es evitar las consecuencias del estrés, si está en nuestras manos, y de paso reducir la edad biológica, el nivel de desgaste celular y orgánico.

Gestionar el estrés

Gestionar eficazmente el estrés implica incorporar hábitos diferentes en la rutina diaria.

Los primeros de pensamiento. Ciertas formas de pensar activan la tensión, ansiedad y malestar asociado al estrés.

El segundo nivel de hábitos está en conductas saludables. Cuando hay estrés es difícil incorporar hábitos saludables, porque la poca energía que deja el estrés hace comer mal, dormir peor, con pocas o escasas ganas de moverse o de socializar.

No es fácil reorganizar la vida alejada del impacto del estrés. Pero se puede conseguir.

Algunas sugerencias para mitigarlo:

      • La práctica de mindfulness, por ejemplo, nos ayuda a estar presentes y conscientes, reduciendo la ansiedad y promoviendo una actitud serena ante los desafíos.

      • El ejercicio físico, además de mejorar nuestra salud cardiovascular, libera endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, que naturalmente disminuyen el estrés.

      • Una alimentación equilibrada, rica en antioxidantes, combate la inflamación y fortalece nuestro sistema inmunológico, ambos afectados negativamente por el estrés crónico.

    Estas prácticas básicas, integradas de manera consciente en nuestra vida, alivian el estrés del día a día y también ralentizan el envejecimiento biológico.

    Conclusión

    Al acoger estrategias de gestión del estrés no solo combatimos el estrés, sino que también abrimos el camino hacia una longevidad saludable con gran vitalidad.

    Te invito a dar el primer paso hoy hacia un bienestar duradero. Aunque parezca imposible puedes convertir el estrés en una fuerza para el rejuvenecimiento y la vitalidad.

    Y si te resulta difícil (identificar síntomas, desencadenantes, desactivarlos, calmar el cuerpo, la mente y recuperar energía) es importante buscar ayuda profesional. Puedo ayudarte. 

    Es primordial saber gestionar el estrés para promover una vida más larga y vibrante.

    ¡Te animo a ello!

    Descubre señales ocultas de envejecimiento con “Alerta para tu Vitalidad”

    Descubre las señales que pueden estar afectando tu vitalidad y acortando tu longevidad.

    16 no son todas pero son suficientes para empezar a mitigarlas. Para ello te he sugerido  un hábito en cada una de ellas.

    Asi te pones en marcha ¡ya!

    Descarga la  guía gratuita de señales y comienza a potenciar tu longevidad y vitalidad ahora mismo.   

    Descubre señales ocultas de envejecimiento con
    “Alerta para tu Vitalidad”

    Descubre las señales que pueden estar afectando tu vitalidad y acortando tu longevidad.

    16 no son todas pero son suficientes para empezar a mitigarlas. Para ello te he sugerido  un hábito en cada una de ellas.

    Asi te pones en marcha ¡ya!

    Descarga la  guía gratuita de señales y comienza a potenciar tu longevidad y vitalidad ahora mismo. 

    Más artículos de tu interés