Si has pasado los 50 y notas que cada vez te cansas más, la explicación que más rápido aparece es siempre la misma: será la edad.
Y es verdad que el cuerpo cambia. Pero esa frase, dicha demasiado pronto, cierra una pregunta que merece la pena hacerse antes: ¿qué has hecho con tu energía durante los últimos veinte o treinta años?
He visto personas de sesenta y dos años con una energía que muchas de treinta y cinco no tienen. Y he visto personas de cincuenta y dos que llegan a cada viernes arrastrándose. La diferencia entre unas y otras casi nunca está en los años que tienen. Está en lo que han acumulado, en cómo se han recuperado, y en cuánto tiempo llevan funcionando sin parar de verdad, ademas de su actitud mental (clave).
A eso lo llamo desgaste silencioso.
Qué es el desgaste silencioso
No siempre aparece en una analítica ni tiene un nombre claro, pero se nota: en cómo piensas, en cómo duermes, en cómo comes, en cómo llegas al final del día, y sobre todo en esa sensación de fondo de necesitar cada vez más esfuerzo para conseguir el mismo resultado.
Dónde se instala: cuerpo, mente y emociones
Se instala en tres sitios a la vez, y conviene distinguirlos porque cada uno pide algo distinto.
El primero es el cuerpo: menos energía al levantarte, peor recuperación, más rigidez, más dificultad para sostener el peso.
Aquí hay una trampa frecuente, que es interpretarlo como falta de forma y responder con más exigencia de golpe. Pero un cuerpo que viene de años de estrés y poca recuperación no siempre responde bien a más presión. Necesita dirección, no castigo.
El segundo nivel es mental. Sigues trabajando, sigues resolviendo, sigues cumpliendo, pero por dentro hay una saturación constante: cuesta más concentrarte, cuesta más desconectar, la cabeza sigue abierta incluso en fin de semana. El cerebro también necesita recuperar, y recuperar. Y para ello hay que entrenarlo en renovar, que no es lo mismo que dormir, aunque también sea crucial.
El tercero es emocional, y es el más silencioso de los tres. Es el peso de haber sostenido demasiado durante demasiado tiempo: haber tirado hacia delante, haber cuidado, haber decidido, haber pospuesto lo propio porque siempre había algo más urgente.
Muchas veces no se llama desgaste emocional. Se llama «estoy más alejado de lo que me rodea», «no tengo tanta paciencia», «no me apetece nada».
Y esto no tiene nada que ver con el estilo de personalidad o la falta de carácter. Hay un sistema emocional que lleva demasiado tiempo sin espacio, de nuevo, para renovar.
Por qué no basta con mirar una sola pieza
Por eso, cuando hablamos de energía después de los 50, no basta con mirar el sueño o la alimentación por separado. Hay que mirar el sistema completo: cuerpo, mente, emoción, estrés y recuperación. Si solo tocas una pieza, puedes acabar cambiando cosas al azar, y eso desgasta todavía más.
Y aquí está lo que de verdad importa: no todo cansancio después de los 50 es edad. Muchísimas veces es desgaste.
Y a diferencia de la edad, el desgaste sí se puede reducir y alejar. ¿Por dónde empezar? por algo tan simple como identificar dónde lo notas tú primero: en el cuerpo, en la concentración, en el sueño, o en las ganas.
Si te interesa el tema, sobre esto hablo con más detalle en este vídeo: Cansancio después de los 50: qué pasa